Arborícolas


El árbol había sido el habitat de los prosimios y les había brindado cobijo, alimento y protección, permitiendo al mismo tiempo el desarrollo de nuevas características evolutivas.

El desarrollo de la visión constituyó un cambio fundamental. Los ojos de la mayoría de los mamíferos están ubicados a ambos lados de la cabeza lo que da dos imágenes separadas y carentes de profundidad. La vida en los árboles requirió el desplazamiento de los ojos a una posición anterior con visión superpuesta y de ese modo estereoscópica. De forma similar se fue desarrollando la fóvea que es el lugar de la retina con gran número de receptores para lograr agudeza visual y percepción de colores, lo que también se acompañó de mayor desarrollo e incluso aparición de nuevas áreas del cerebro para procesar toda esta información. Las extremidades tanto superiores como inferiores se fueron adaptando para lograr prehensión, y es dable suponer que en algún momento comenzó un leve desplazamiento del pulgar lo que fue permitiendo una acción de pinza con mejor precisión al coger. Nuevamente esto provocó un aumento en áreas del cerebro encargadas de controlar estas nuevas funciones.

Existe una ley general de la evolución que señala que se va produciendo inexorablemente un mayor desarrollo en tamaño en generaciones sucesivas cuando esta evolución tiene éxito en lograr una adecuada adaptación al medio. Podemos imaginar que cuando esto fue ocurriendo estas criaturas de mayor tamaño pudieron haber tenido más dificultad en permanecer en las alturas de los árboles e indudablemente los más audaces y fornidos comenzaron a explorar el terreno llano a su alrededor. Se estima que a esto se sumaron cambios climáticos que modificaron los bosques dejando espacios de terreno libre lo que dificultó la obtención de los alimentos, debiendo efectuar desplazamientos cada vez mayores. Asi mismo esta dificultad en lograr la obtención de los frutos y semillas habituales los hizo buscar otras fuentes alimenticias modificando la dieta hacia la incorporación de proteínas animales, con lo que esta se enriqueció.

Esta situación es considerada crucial en la aparición posterior de los seres humanos. Por una parte se va a privilegiar una postura más erguida sea para lograr mejor visión del entorno como para desplazarse arrastrando una presa o alimentos con las manos cada vez mejores en cumplir esta tarea, lo que dependía además de ir logrando mejor desarrollo del sistema nervioso central. Esta bipedestación fue provocando a su vez adaptaciones del esqueleto básicamente en las extremidades inferiores, por ejemplo el tobillo y la forma y posición de la pelvis. Este último cambio trajo como consecuencia la limitación del tamaño del niño al nacer, lo que sumado al mayor desarrollo que estaba teniendo el cerebro dio como resultado el nacimiento de retoños inevitablemente más inmaduros.

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