Composición de la leche materna.



La leche materna es un fluido corporal cuya composición varía entre diferentes mujeres . Lo hace además incluso en una misma madre dependiendo de la edad gestacional, momento del día, edad del niño y aún dentro de la misma mamada, constituyendo de ese modo un aporte único y absolutamente específico que entrega esa madre a su hijo.
Desde un punto de vista nutricional no existe en la actualidad ningún alimento que se pueda comparar con la leche materna. Los alimentos artificiales disponibles en el mercado están mayoritariamente basados en leche de vaca modificada para asemejarla a la composición conocida de la leche humana. Breve historia de alimentación artificial en lactantes.

La leche humana, tal como la de otros mamíferos, consiste en agua, proteínas, hidratos de carbono y grasas.
La leche humana madura proporciona alrededor de 75 calorías por 100 ml. El principal constituyente de la leche humana es agua y es interesante señalar que el requerimiento hídrico de un bebé, incluso en clima cálido, es perfectamente satisfecho por la leche.

Proteínas :
El contenido proteico de la leche materna es 0,9 %. Esto es bajo en relación al contenido de otros mamíferos debido a que el lactante humano tiene un crecimiento relativamente lento. Sin embargo estas proteínas son de alto valor biológico y su aprovechamiento es muy eficiente. En las fórmulas artificiales se debe agregar mayor concentración para un efecto similar.
Las proteínas presentes en la leche materna son derivadas del suero, lacto- albúmina, y del cuajo , caseína, en una relación de 60 / 40. En la leche de vaca la relación es 20 / 80 y se ha modificado en las fórmulas para semejar la relación materna.
La caseína humana es más ligera y menos compacta que la de vaca o fórmula. Por esto es más fácilmente digerible. La función principal de la caseína es la de permitir la formación estable de agregados de calcio y fósforo. Esto permite mayores niveles de calcio y fósforo en la leche.
Un hecho característico del perfil de aminoácidos en la leche humana es el bajo nivel de tirosina y fenilalanina, lo que parece importante ya que el recién nacido tiene una baja capacidad de metabolizarlos debido a un déficit relativo de enzimas específicas.
Otro aminoácido presente en la leche humana y no en la de vaca es la taurina. Su función no está totalmente aclarada pero parece necesaria en la estabilidad de membranas celulares y en el desarrollo del sistema nervioso, en especial la retina. Por este motivo se ha agregado recientemente a las fórmulas.
Las proteínas del suero de la leche materna son fundamentalmente alfa lactoalbúmina y lactoferrina. En la leche de vaca el principal componente es beta lactoalbúmina, la que es altamente alergizante. Otros componentes son lisozima e inmuno globulina A secretoria, los que junto a lactoferrina cumplen importantes funciones inmunológicas ( Ver más adelante ).
Carnitina es otra proteína necesaria para la ruptura de los ácidos grasos de cadena larga. Estos junto con las cetonas reemplazan a la glucosa como fuente de energía inmediatamente después del nacimiento. Los recién nacidos son incapaces de sintetizar carnitina inicialmente y esta es entonces un componente esencial de su dieta. Los niños alimentados al pecho tienen mayores niveles de carnitina.

Hidratos de carbono :
Los carbohidratos proveen entre el 40 y 50 % de la energía de la leche materna. El principal es lactosa pero existen otros que no son duplicados en las fórmulas artificiales.
Los niveles de lactosa son constantes en el día y no son influidos por la dieta materna. Son importantes para favorecer la absorción de calcio.

Lípidos :
Las grasas son el segundo componente más importante desde un punto de vista porcentual. Su concentración varía entre 2,5 a 5 g por 100 ml, con promedio 3,5 g. Ellas proporcionan el 50 % de la energía. La composición de la grasa varía dependiendo de la dieta y de la etapa de lactancia. La cantidad de grasa en la leche es mayor en la noche y también en la leche del fin de la mamada con respecto a la del inicio.
La diferencia más notoria entre la grasa de la leche humana versus fórmula es que existen más grasas de cadena larga y poli insaturadas en la humana. Estas diferencias se están comenzando a revelar importantes en un mejor desarrollo de las membranas celulares, en particular en el sistema nervioso.
El colesterol es otra grasa que ha motivado interés. La leche humana tiene niveles altos y estos están ausentes en las fórmulas. En estudios experimentales se ha visto que animales con dietas ricas en colesterol en etapas tempranas de la vida tienen mejor capacidad de controlar este en etapas posteriores y mantienen por lo tanto un nivel más bajo de él en la edad adulta.

Vitaminas :
En la leche materna existen variaciones en las concentraciones de diversas vitaminas durante el proceso de lactancia. Estas son además muy dependientes de la alimentación de la madre.
Los niveles de vitamina A, E y C son adecuados.
La vitamina D es necesaria cuando la exposición al sol es inadecuada.
Vitamina K debe ser administrada al recién nacido para prevenir trastornos hemorrágicos.
La vitamina B12 a menudo es deficitaria en la leche de madres vegetarianas.

Enzimas :
Estas son sustancias químicas que en pequeñas cantidades favorecen complejas reacciones bioquímicas del organismo. Es sorprendente la riqueza y calidad de las que se encuentran en la leche humana y, por ahora, no existen en las fórmulas artificiales.
En la leche materna se han descrito más de veinte enzimas. Algunas favorecen procesos fisiológicos de la glándula misma, otras ayudan en la digestión del niño e incluso existen aquellas que facilitan el desarrollo del niño.
Las más importantes y conocidas son proteasa, amilasa y lipasa, todas las cuales mejoran el proceso digestivo del niño, facilitando la digestión y absorción de proteínas, almidones y grasas respectivamente.

Electrólitos y minerales :
El nivel de sodio es 3 veces más alto en la leche de vaca con respecto a la humana y la carga para el riñón es mayor con leche de vaca o fórmula.
Experiencias en animales han demostrado que las dietas ricas en sodio producen hipertensión arterial. Al disminuir la relación sodio / potasio aumentando este último se favorece el descenso de la presión arterial. Si esto es válido en seres humanos no está claro, pero parecería beneficioso para el niño la presencia de niveles bajos de sodio y más altos de potasio.
El fierro y el calcio, aunque en niveles menores en la leche humana, son muy bien absorbidos. El déficit de fierro en niños con lactancia materna exclusiva es raro antes de los 4 a 6 meses de edad. A su vez los niveles de calcio en la leche no son influidos por la dieta materna y son suficientes para el recién nacido de término.

Factores inmunológicos :
La presencia de distintas sustancias con propiedades anti-infecciosas en la leche materna constituye una de las diferencias más notables en relación a la leche artificial. Este hecho es crucial en respaldar las ventajas de la lactancia materna para el niño. Señalaremos brevemente algunas de estas sustancias.

Lactoferrina.
Esta es una proteína con capacidad de unión a fierro. Es abundante en el calostro y persiste con niveles importantes en la leche materna durante el primer año. En la leche de vaca tiene un nivel más bajo y es totalmente destruida por el procesamiento para producir las fórmulas.
La lactoferrina limita la disponibilidad de fierro para las bacterias intestinales potencialmente patógenas. Tiene un gran efecto inhibidor del crecimiento de E. coli y estafilococos.

Inmunoglobulinas.
Todo tipo de inmunoglobulinas se encuentra en la leche humana, siendo mayor su concentración en el calostro. De particular importancia es la inmunoglobulina A secretoria ( Ig A s ) que se encuentra en niveles altos durante todo el primer año. Ig A s se fija a la superficie de las mucosas digestiva y respiratoria y dificulta así la unión de agentes infecciosos. Es interesante señalar que existe la presencia de Ig A s específicas contra diversos agentes bacterianos y virales capaces de provocar infecciones digestivas o respiratorias. Incluso la madre en respuesta a la exposición ambiental a ellos incrementará los niveles específicos que entrega en la leche. Esto le permite al niño contar con anticuerpos contra los gérmenes presentes en su ambiente, sobretodo cuando su propia capacidad de producirlos no está completamente desarrollada.

Lisozima.
Se la considera un factor protector de tipo no específico. Su función consiste en favorecer el desarrollo de un determinado tipo de flora en el tracto intestinal, probablemente por medio de la destrucción de los agentes patógenos.
En la leche humana existe un factor de desarrollo específico para favorecer el crecimiento de Lactobacillus bifidus. Este es un bacilo que inhibe el crecimiento de patógenos como estafilococo, Shigella y protozoos. En el niño alimentado con pecho hacia el mes de edad tiene un nivel de lactobacilo superior en 10 veces el del niño con mamadera.



Sin duda los constituyentes de la leche humana son el resultado de millones de años de evolución exitosa y nos deben obligar a ser muy cuidadosos al indicar cualquier sustituto de ella.
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