Historia


La composición de la leche humana ha sido objeto de estudios desde mediados del siglo XIX. Todos ellos han ido progresando en complejidad y sin embargo aún en la actualidad los científicos no tienen completamente aclaradas todas las características de ella.Incluso más, en alguna época se han identificado componentes cuya función no era conocida en ese momento, observando con posterioridad que eran fundamentales para el niño en crecimiento.

Hasta principios del siglo pasado la única posibilidad de alimentar a un niño que no podía recibir leche de su madre, era conseguir una nodriza. Los pediatras de la época recomendaban que para lactar al niño ajeno no hubiera demasiada diferencia en cuanto a edad de los niños. Además se encarecía elegir mujeres sanas, bien alimentadas y de "buen carácter", con lo que indudablemente se reconocía la importancia más allá de lo meramente nutritivo de la alimentación al pecho.
A mediados del siglo XIX unido a progresos de la industrialización y tecnología se empezaba a desarrollar la industria de los alimentos infantiles. En sus primeras etapas los intentos fueron en cuanto a lograr reemplazar la leche humana por leche de animales con aportes calóricos similares . De ahí el énfasis en conocer la composición proteica , de grasas y azúcares en distintas leches, incluyendo la humana. Por comodidad y costos se fue prefiriendo la leche de vaca y a las diluciones para hacerla mejor tolerada por los niños se fueron agregando hidratos de carbono para mantener un valor calórico aceptable.

Debido a la falta de higiene en la manipulación de la leche y las mamaderas se desencadenaban terribles epidemias de diarrea con tasas de mortalidad que diezmaban a las poblaciones infantiles en alimentación artificial. Este era el caso de las instituciones dedicadas a la crianza de niños abandonados o huérfanos, cuyas tasas de mortalidad se aproximaban al cien por ciento.
En ese momento los médicos comenzaron a aplicar los nuevos conocimientos en bacteriología y surgía la necesidad imperiosa de mejorar las condiciones sanitarias de las vacas, establos, personal de ordeña, sistemas de distribución y preparación para lograr un producto que brindara alguna seguridad para los niños.

Así se pasó a una situación opuesta, lo que por lo demás no es en absoluto raro en medicina. De acuerdo con esos cuidados se empezó a hervir los biberones a Baño María por 45 minutos ( Método de Soxhlet ). Esto aseguraba la ausencia de gérmenes en la mamadera y fue seguido con entusiasmo por aquellos en la vanguardia del conocimiento y la riqueza, es decir las clases más acomodadas que podían costear el proceso.

No tardaron en aparecer consecuencias sorprendentes.

Justamente en los más firmes ejecutores de esta técnica comenzaron a tener los lactantes una curiosa enfermedad : fragilidad ósea y tendencia a sangramiento. El más ligero contacto daba lugar a que el pequeño afectado profiriera violentísimos gritos de dolor y un estremecimiento de todo el cuerpo ( signo de polichinela ). Se trataba del escorbuto del lactante. Esta grave enfermedad, incluso mortal , mejoraba con la administración de jugos frescos de frutas, en particular cítricos.
Hoy día sabemos que esto se debía a la falta de vitamina C, destruida por el calor.



Este ejemplo nos debe hacer reflexionar y ser muy cautos al considerar la cantidad de otras sustancias que están presentes en la leche humana, y que recién estamos empezando a conocer, y evitar la pretensión de haber logrado un sustituto adecuado por manipulación tecnológica.

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